La última revolución de la música

Desde que era pequeño y principalmente gracias al mundo de la publicidad me vengo preguntando sobre el límite o la infinitud de las ideas.

Lo que me atraía y preocupaba de igual manera realmente no era el límite, sino el hecho de no poder volver a repetir una gran idea original sin crear un vínculo con la primera. Cada gran anuncio representaba para mí una opción menos para volver a realizar, una oportunidad perdida, un pensamiento algo pesimista, pero no menos cierto, en un sector donde prima la originalidad.

Siempre me ha llamado la atención este límite sobre todo lo que nos rodea y comencé a preguntármelo gracias al mundo de la publicidad pues las ideas y recursos; los insights, al fin y al cabo, tienen ese límite natural y cambiante impuesto por nosotros, en base a nuestra cultura principalmente. ¿Dónde está el límite de las ideas? La respuesta simple: no hay, no existe, pero siempre y cuando la longitud o duración de estas sea variable e infinita.

Pero somos humanos y por ende infinitamente finitos al igual que nuestros valores y gustos, limitando completamente las ideas abarcables matemáticamente. Al estar nuestro entorno adaptado a nosotros, o mejor dicho, al haberlo adaptado a nuestra semejanza, este proceso de acondicionamiento genera patrones claros e identificables de nuestra condición humana, pudiendo calcular valores de todo tipo y configurándose todos estos en extraños patrones universales como la campana de Gauss, principios como el de Pareto o la Ley de Zipf (adaptada a la distribución estadística del lenguaje. Vídeo recomendado) entre otros.

Esto genera que en la música, el tema que hoy quiero tratar, las piezas musicales estén adaptadas de igual manera a cada cultura y género o estilo, generando en el largo plazo, variables y datos que permitan hallar patrones en los tiempos medios, en los mínimos y máximos y en la información de uso generada.

Así que sí, hay límite, pero como consecuencia de la naturaleza humana de los oyentes, aunque este no sea absoluto.

La música siempre me ha fascinado por ese motivo y a medida que crecía, no tardé mucho en volver a preguntarme de nuevo por el límite de esa cuarta de las siete artes del Manifiesto de Canudo. Mientras que la publicidad era una gran mezcla de múltiples soportes, de medios y de recursos culturales para atraer al público, la música es algo más puro y “simple”, con la mera mezcla de sonidos.

Esta configuración de la música, a pesar de sonar excesivamente minimalista, es la razón principal de la oportunidad y posibilidades que representa su análisis individualizado. La música, junto con el componente clave del séptimo arte del manifiesto, la fotografía o la imagen, son las vías más sencillas y directas de conocer la realidad así como la interacción con esta.

Quiero añadir la definición que la Wikipedia proporciona de la música por lo acertada que me parece:

La música es […] según la definición tradicional del término, el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo, mediante la intervención de complejos procesos psico-anímicos.

Básicamente la música, es el conjunto de sonidos y sus alteraciones que hace que sea solo considerada como tal cuando es interpretada como armónica, un proceso totalmente psicológico y colectivizado invisiblemente.

Pero, ¿Por qué me llama la atención?

Principalmente por lo infravalorada que se encuentra científicamente, siendo a mi juicio, una de las mejores muestras del funcionamiento humano y de su origen.

Por su vinculación directa e invisible con las matemáticas, la estadística y la geometría, relacionándose además directamente con ciertas leyes universales que nos rodean, como las que he mencionado anteriormente.

Y por último, por lo curiosa que me resulta al poner de manifiesto y de manera tan clara,  la flexibilidad cerebral en su consumo y lo que se podría obtener de su investigación. En este aspecto no me sorprende que los individuos evolucionen sus gustos y actitudes musicales con nuevas pistas o géneros, sino la plasticidad cerebral que representa el hecho de que dejen de gustar o incluso que lleguen a ser desagradables piezas musicales que anteriormente parecían perfectas.

¿Quién no ha tenido una canción favorita que al cabo de los días o los años ya no nos decía nada? Al principio daba hasta escalofríos, al cabo de unos meses, es una más en nuestra biblioteca. O por el contrario, canciones que no atraían hasta que conocemos una curiosidad, un dato, un motivo o la situación concreta que nos atrae del artista en el momento en que la compuso.

De igual manera que evolucionan las preferencias musicales a lo largo del tiempo, estas lo llegan a hacer en función del contexto en un mismo espacio temporal. Una pieza musical, considerada para una persona como idónea, es agradable a la hora de consumir en situaciones positivas para este, pero queda totalmente fuera de lugar tras un trágico suceso como un accidente, un fracaso o el fallecimiento de un ser querido. Como ejemplo quiero utilizar una escena de la comedia The producers (1968) en la que tras una tragedia en su proyecto de negocio, chocan con una estridente música que la secretaria les coloca. en sus Aunque hay casos que nunca fallan.

La única respuesta a este fenómeno es la coordinación no solo ya cultural y preferencial sino con otra sincronización y adaptación temporal entre las piezas musicales con los distintos biorritmos e índices de salud, como los pulsos cardíacos.

¿Por qué es relevante?

Es interesante hablar de la música, de su futuro y de la integración de la tecnología por varios motivos.

El primero porque su revolución puede marcar un antes y un después en la industria y en la sociedad, transformándola para siempre dejando de considerarse como arte, entretenimiento o algo trivial para pasar a ser un elemento clave e indispensable en el futuro de las personas.

De la recreación a un servicio individualizado, algo único, efímero e irrepetible para cada usuario y cada circunstancia, además de su utilización en fines relacionados con la salud o como droga recreativa. Sin ir más lejos, el CEO de Netflix ya dijo hace unos meses que el futuro del entretenimiento puede que pase por el uso de las drogas. Bienvenidos a la soma de Huxley en Un mundo feliz. A su vez este tema me recuerda a dos artículos de Sánchez-Migallón, uno en el que habla de las drogas y otro en el que habla del futuro de la sociedad con una interesante y literaria distopía.

Vacaciones de Soma en Un mundo feliz, Huxley
Vacaciones de Soma en Un mundo feliz, Huxley

 

Suena raro hablar de droga y música pero están enormemente relacionadas, de hecho, la música afecta al cerebro de una manera muy similar al uso de ciertas sustancias. Ademá es bien sabido y está demostrado que mejora determinadas condiciones humanas en distintos contextos, pudiendo mejorar el rendimiento físico, la concentración, la memoria, el aprendizaje y variar, inducir o establecer estados anímicos.

Todos hemos vivido un episodio sensorial bajo un contexto musical llamado pieloerección en el que nuestro cuerpo y en especial la piel, se transformaba momentánea y placenteramente mientras varias hormonas recorrían nuestro cuerpo, destacando entre ellas la adrenalina. En en mundo de la publicidad pasa frecuentemente pero porque ese es uno de los objetivos. Aquí una muestra con el anuncio del Audi R8 y aquí otro que recientemente ha recibido un merecido oro en Cannes esta misma semana.

Este fenómeno se puede producir por factores muy variados, pero en relación con la música suele vincularse con la sorpresa de las notas (cambios inesperados, pero adecuados) y la total armonía del oyente con la pieza. La música es uno de esos sectores que se reinventarían como nunca antes se ha visto en una industria si definitivamente se consiguiera conocer cómo funciona y cómo nos afecta, revolucionando múltiples aspectos de la sociedad, convirtiéndola en imprescindible, en un servicio básico para controlar nuestro estado y emociones.

La revolución de la música en una posible smartmusic podría llegar a ser tan importante en el futuro que dependiendo de su nivel de adopción por la sociedad, hablaríamos de escenarios de prohibición de la interrupción sonora entre las personas sin previo consentimiento. Algo similar al futuro de los automóviles autónomos, en el que los vehículos no autónomos serán prohibidos por la pérdida de eficiencia logística en la plataforma global de transporte autónomo civil.

El futuro de la música pasaría de ser algo rígido y estático a ser un elemento totalmente sincronizado y flexible con el usuario con incipientes tecnologías que hoy ya podemos ver a través de auriculares como los primerizos Moto Hint imitando a aquellos de Joaquin Phoenix en Her o los airpods de Apple. Este cambio de paradigma podría llegar a acabar con los artistas tal y como los conocemos, dando lugar a nuevos sistemas de distribución y creación, pasando la mayoría a formar parte de empresas  tecnológicas, las tradicionales FAMGA junto con la adición de aquelas especializadas en la música o computación pura, como podrían ser Spotify o IBM entre otros.

No he mencionado ningún plazo de tiempo pero porque no le veo sentido alguno hacerlo, podríamos hablar de más de 20 años sin problema hasta llegar a esos hipotéticos escenarios, pero también de adelantamientos o retrasos.

Lo que sí que tengo claro, es que la música así como su uso e implicaciones, a través de su estudio y su algoritmización pasará por un proceso de adaptación y simbiosis total con respecto a los usuarios, algo que ya se está logrando poco a poco mediante los sistemas de recomendaciones musicales de los que Spotify presume, tanto de géneros, artistas o temas musicales.

Quien dé con la tecla de la smartmusic a través de su análisis y aplicaciones con las personas, puede llegar a transformar la sociedad de una manera mucho más intensa y profunda de lo que la adopción y popularización de la tecnología móvil ha conseguido en en los últimos años, habiendo llegado a rediseñar conceptos tan importantes como los de la identidad personal.

¿Qué me lleva a pensar que vamos en esa dirección? (Material y fuentes recopiladas)

Estamos muy lejos de esas situaciones, pero gracias a la tecnología, las innovaciones y disrupciones ocurren de manera constante y sin dar opción de  su desinvención, una de las mayores cualidades de esta.

A continuación y a modo de bibliografía o material que he ido recopilando a lo largo de mi carrera, quiero mostrar ideas, conceptos y tecnologías que apuntan a un futuro en el que se produzca esa última y definitiva revolución musical.

Comienzo por proyectos que se están realizando actualmente en el mundo de la música y la creación automática de ella basados en sistemas de machine y deep learning. IAMUS en conjunción con la fuerza computacional del Watson de IBM es un claro ejemplo de ello. Dejo aquí un vídeo del proyecto.

Más casos, que apuntan a esta dirección, la Inteligencia artificial de Google, con NSynth llegando a crear sonidos que nunca antes se habían creado por el ser humano.

Además, este proyecto basado en una Raspberry Pi, se dedica a crear música en tiempo real a través de parámetros medioambientales como la temperatura o la humedad.

Seguimos con otra noticia de este febrero relacionada también con el proyecto IAMUS, en el cual críticos de música no podían diferenciar entre piezas humanas o aquellas creadas por máquinas, entre ellas, aparecen varias piezas nacidas en el mencionado proyecto. Alan Turing estaría contento.

Aquí otro artículo que nos habla de la manera en la que el sonido o su ausencia afecta a las personas, algo que hace intuir la relación entre vibraciones no acordes a los ritmos humanos y la salud.

Aquí un artículo breve y modo de resumen de la relación entre ciencia y música.

En este otro proyecto, a raíz de una sola imagen, un algoritmo comienza a desarrollar y crear nuevas imágenes para generar un vídeo, tratando de prever el futuro de la imagen. Si se puede crear toda esa información a partir de una sola imagen, no sería extraño imaginar en el futuro cercano canciones a medida.

 Un proyecto relacionado con lo anterior que se basa en la creación de listas en Spotify basadas en canciones que introduzcamos. La idea es analizar la canción y buscar otras con relaciones de una base de datos neuronal y con similitudes en las características técnicas de esta.

Más material relacionado con el análisis de imágenes en las películas así como su interpretación utilizando como ejemplo El lobo de Wall Street. Este además, me recuerda a la manera en la que los automóviles de Tesla interpretan el mundo, no tiene desperdicio.

Lobo de wall street

De nuevo relacionado con las películas, Watson, creó el primer tráiler de una película (Morgan) hecho por una IA, también una inteligencia artificial el año pasado creó un guión de un corto para luego realizarse con actores reales. Y aunque no tengan mucho sentido los diálogos, es un gran logro.

La poesía también ha sido objeto de estudio por parte de la IA de Google y fue esa misma IA, la que se enfrentó y perdió contra la de Tesla recientemente o la que ganó al mejor jugador de GO del mundo hace apenas un mes.

Una charla TED bastante interesante sobre la universalidad de la música clásica, el germen de la música y la más matemática de todas y otra sobre la respuesta emocional a la música. También, otro muy interesante sobre cómo Pixar sabe utilizar la música para condicionarnos y mejorar la experiencia.

Además, un efecto conocido como el efecto Bouba-Kiki nos hace ver como la configuración de la física condiciona todo lo demás, todo lo cultural, asociando las emociones humanas a formas o sonidos concretos.

También quiero mostrar la apariencia geométrica y patrones que tienen las piezas musicales de Bach en este vídeo.

¿Y ahora qué? 

Toca esperar. Solo el futuro y aquellos que hayan viajado en el tiempo saben lo que se nos avecina. La tecnología está todavía en pañales aunque hayamos realizado lo más complejo, la creación de plataformas y medios adecuados en Internet para volcar nuestra información, nuestro ADN como civilización. Los ordenadores cuánticos están apenas empezando, siendo el 2018 el año en el que se van a empezar a ver proyectos mucho más serios. Además, los chips y procesadores actuales no están preparados para las redes neuronales o el machine y deep learning, siendo motivo suficiente como para que NVIDIA, Apple y Qualcomm ya estén preparando plataformas de hardware dedicadas específicamente para estos fines.

Los nuevos entornos del futuro van a ser radicalmente distintos en el funcionamiento, pero el concepto al final siempre será el mismo. Tiendo a pensar en un futuro distópico basado en una mezcla entre la literatura y cine basado en títulos como Fahrenheit 451, La naranja mecánica, Un mundo feliz, Black Mirror, Wall-E, Soylent Green o 1984, pero lo cierto es que al final, de una manera u otra y como guiño o gracia de la matrix, todo suele parecerse más a Idiocracy.

La música, al igual que otros apartados básicos de la vida cotidiana, va a reformularse  completamente para aportar un nuevo valor diferencial, en algo productivo. Es necesario pensar en un futuro en el que los cyborgs ya no sean algo perteneciente a la ciencia ficción, sino como la capacidad y oportunidad diferencial del ser humano para poder competir contra con las máquinas. Este tema da para otro artículo, porque hay material y tema de sobra, pero para hacernos una pequeña idea, lo único que nos separa de ser efectivamente cyborgs, es la barrera entre cerebro e Internet, algo que ahora solventamos a través de la ineficiente vista y oído, pero que Tesla y Facebook ya han comenzado a desarrollar, dejando de ser ya un loco proyecto de instituciones y agencias gubernamentales como DARPA y similares.

El futuro es apasionante. Pensar en él sí que me provoca esos episodios pieloerectivos, vamos que me pone la piel de gallina… Mientras tanto, seguiré como siempre, informándome, aprendiendo y cometiendo errores, que dicen que errar es todavía de humanos.

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